Al 22 de agosto, el equivalente en agua de la nieve en la cuenca del Maipo alcanza 500 milímetros, frente a los 556 milímetros registrados históricamente para la misma fecha. El escenario contrasta con el observado a comienzos de julio, cuando el déficit superaba el 90%.
Las nevadas registradas durante julio y agosto no solo mejoraron el aspecto de la cordillera central. También cambiaron significativamente el panorama respecto de la cantidad de agua almacenada en la nieve.
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Un análisis desarrollado por Snowdata muestra que, al 22 de agosto, el equivalente en agua de la nieve acumulada en la cuenca del Maipo alcanza 500 milímetros, frente a un promedio histórico de 556 milímetros registrado para la misma fecha. En términos porcentuales, esto representa un déficit de 10%.
Gonzalo Cortés, doctor en Hidrología y cofundador de Snowdata
El escenario es muy distinto al observado a comienzos de julio. El día 1 de ese mes, la cuenca registraba apenas 27 milímetros de agua almacenada en la nieve, frente a un promedio histórico de 357 milímetros. Es decir, un déficit superior al 92%. En poco más de siete semanas, la reserva aumentó cerca de 473 milímetros y redujo considerablemente la distancia respecto de los niveles habituales para esta época del año.
Al respecto, Gonzalo Cortés, doctor en Hidrología y cofundador de la startup, explica que “la recuperación se produjo principalmente durante la segunda mitad de julio y las primeras semanas de agosto, período en que las nuevas nevadas cambiaron rápidamente el escenario que mostraba la cordillera a comienzos del invierno. Este cambio se debió a la llegada de un río atmosférico de
características muy intensas, asociado a El Niño. En años con un Niño fuerte como este, es esperable que ocurran eventos capaces de alterar el balance hidrológico en pocos días, debido a la mayor evaporación del océano”.
Más que nieve, agua disponible
La diferencia parece sutil, pero resulta clave. Mientras la cobertura de nieve muestra cuánto territorio permanece cubierto de blanco, el equivalente en agua —conocido técnicamente como SWE (Snow Water Equivalent)— permite estimar cuánta agua se obtendría si toda esa nieve se derritiera.
Los datos de esta temporada permiten observar precisamente esa diferencia. Más allá de una cordillera que volvió a verse cubierta de blanco, lo relevante desde el punto de vista hídrico es que la cantidad de agua almacenada en la nieve pasó de 27 milímetros a comienzos de julio a 500 milímetros al 22 de agosto.
“Esta variación nos enseña que el panorama hidrológico puede cambiar en tan solo unos días. Al tener un pronóstico continuo y un monitoreo constante de la evolución de la nieve, las empresas pueden reaccionar de forma preventiva y adecuar sus planes operativos con la mayor cantidad de información posible, sin tener que esperar a un diagnóstico de final de temporada cuando ya es tarde para tomar decisiones”, afirma Cortés.
Ese tipo de información adquiere especial relevancia para quienes administran el recurso hídrico.
“Para las organizaciones de usuarios de agua, anticipar escenarios es cada vez más importante. Contar con información técnica sobre la evolución de la temporada permite planificar mejor la distribución del recurso, coordinar decisiones dentro de las cuencas y enfrentar con mayor preparación un contexto marcado por la variabilidad climática. Disponer de mejores datos no aumenta la disponibilidad de agua, pero sí contribuye a gestionarla de manera más eficiente y responsable”, sostiene Catalina Castro, secretaria general de la Confederación de Canalistas de Chile.
Anticipar para reducir la incertidumbre
La información, sin embargo, solo adquiere valor cuando permite tomar mejores decisiones. Para Sebastián Goldschmidt, CEO de Nilus, el desafío ya no consiste únicamente en reaccionar frente a la escasez, sino en fortalecer la capacidad de anticiparse.
“La anticipación permite reducir incertidumbre y fortalecer la resiliencia hídrica de las cuencas. Cuando existe mejor información sobre cómo podría evolucionar una temporada, es posible planificar con mayor anticipación y tomar decisiones que ayuden a proteger comunidades, ecosistemas y actividades productivas”, afirma.
A su juicio, esa capacidad será cada vez más relevante en un contexto donde la variabilidad climática obliga a mirar la montaña no solo como un paisaje invernal, sino como una de las principales reservas estratégicas de agua del país.
A pocas semanas del inicio de la primavera, el escenario es considerablemente mejor que el observado a comienzos de julio. Sin embargo, todavía queda por determinar cómo evolucionará la acumulación durante lo que resta del invierno y qué significará finalmente esta reserva para los meses de deshielo.
Porque más allá de las nevadas que dejan los sistemas frontales, la verdadera pregunta sigue siendo la misma: cuánta agua quedará disponible cuando llegue el verano y qué tan preparados estaremos para administrarla.
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