“El medioambiente merece un lugar estable en la forma en que pensamos el crecimiento. Debe acompañar la definición de un proyecto, las decisiones de quienes lo conducen y los indicadores de quienes lo ejecutan”, afirma Natalia Mahana, directora de Business Lab.
“Cuando no estoy diseñando planes estratégicos de posicionamiento para ejecutivos y empresas en Business Lab, buena parte de mi tiempo transcurre en reuniones con directores de holdings, gerentes generales, subgerentes y empresarios de distintas industrias. Inversiones, tecnología, minería, energía, infraestructura y consumo masivo son algunos de los sectores presentes en estas conversaciones. Cada uno tiene sus propios desafíos, pero hay un tema que aparece de manera transversal: la sostenibilidad”, reflexiona Natalia Mahana, directora de Business Lab.
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A veces se menciona directamente. Otras, surge detrás de una inquietud sobre eficiencia, una inversión, la continuidad de una operación o los plazos de un proyecto. Al profundizar, la dimensión ambiental vuelve a aparecer. Esa recurrencia me ha llevado a una convicción: las necesidades del planeta deben formar parte del criterio con que se dirige una empresa, desde la definición de su estrategia hasta su ejecución.
Natalia Mahana, directora de Business Lab
Las exigencias ambientales y los marcos regulatorios también forman parte de esa reflexión. Para quienes dirigen, comprender el contexto supone preguntarse cómo esas condiciones pueden influir en una inversión, en las capacidades que necesita desarrollar un equipo o en la oportunidad de entrar a un mercado.
Por eso, cuando un ejecutivo evalúa qué estudiar, qué tecnología incorporar o cómo orientar su siguiente proyecto, considero que la dimensión ambiental debe acompañar esa decisión. El país donde se opera, el territorio, los recursos disponibles y el horizonte de inversión le dan un significado concreto. La sostenibilidad exige criterio para interpretar esas diferencias y traducirlas en prioridades.
Si tuviera que representar esta idea en un mapa de stakeholders, el medioambiente tendría un lugar permanente. Aunque no tenga una voz propia en el directorio, las consecuencias de nuestras decisiones sobre él terminan alcanzando a comunidades, trabajadores, clientes, inversionistas y a la propia organización.
Entenderlo así implica darle presencia en las preguntas del directorio, en los presupuestos y en los indicadores del equipo ejecutivo. También supone asignar responsabilidades y revisar resultados. ¿Quién responde por los compromisos? ¿Cómo se mide el avance? ¿Qué ocurre cuando una meta comercial entra en tensión con un objetivo ambiental?
Es precisamente en esas tensiones donde, a mi juicio, se hace visible el liderazgo. Incorporar la sostenibilidad exige tomar decisiones sobre prioridades, recursos y plazos. Su valor se demuestra cuando ese criterio influye en lo que la empresa efectivamente hace.
En Business Lab trabajamos para conectar los objetivos profesionales y comerciales de nuestros clientes con un posicionamiento relevante en sus industrias. Acompañamos a personas con trayectoria, estudios, experiencia y reconocimiento. Parte de nuestra labor consiste en ayudarlas a expresar el criterio que han desarrollado y el aporte que pueden hacer a las conversaciones de su sector.
En ese trabajo, la sostenibilidad abre una pregunta fundamental: ¿qué visión de desarrollo está aportando cada líder desde su experiencia?
Una trayectoria adquiere especial relevancia cuando permite interpretar los desafíos del presente y orientar mejores decisiones. Comunicar esa visión requiere vincular las ideas con prácticas, aprendizajes y resultados que puedan sostenerlas. La reputación se fortalece cuando existe coherencia entre lo que un líder plantea, las decisiones que toma y la forma en que conduce a su equipo.
Por último, la especialesta afirma que “de las conversaciones que mantengo con líderes de distintas industrias me queda una certeza: el medioambiente merece un lugar estable en la forma en que pensamos el crecimiento. Debe acompañar la definición de un proyecto, las decisiones de quienes lo conducen y los indicadores de quienes lo ejecutan”.
Porque liderar también significa hacerse cargo de las condiciones que permitirán seguir creando valor mañana.
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